Supongo que en el fondo, los humanos somos como mariposas. Algunos no evolucionan, y se quedan en capullos toda la vida. Por el contrario, otras personas, vuelan y vuelan hasta dejar su pasado lo suficientemente lejos para no recordarlo. Yo me considero una mariposa en nivel intermedio. Ni grande ni pequeña, ni triste ni feliz, ni guapa ni fea; simplemente estoy. Estoy, de una forma u otra. Puede que no notes mi presencia, ni mi aroma, ni siquiera poses tus ojos en mi, pero supongo que no soy la única. O eso es lo que quiero creer.
La adolescencia es como la metamorfosis. Pero al contrario que nosotros, las mariposas vuelan. Siempre he querido volar. Me imagino que es el sueño de cualquier otro niño, pero no me importa. Siempre andaba soñando que un día echaría a volar y me recorrería todo el mundo, de arriba a abajo, viendo los paisajes mas bonitos que cualquier otros ojos humanos pudieran contemplar. Todavía sueño con eso. Me siento junto a la ventana y envidio el paso de los pájaros. Envidio su forma de volar, de moverse, como si esas alas fueran lo suficientemente fuertes para sostenerme y no dejarme caer.

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